La resiliencia





Pensaba hoy en la resiliencia, del latín resilio, es decir, volver atrás, reanimarse, rebotar, como les ocurre a las gomas elásticas cuando se estiran y regresan a su estado inicial. En aquella capacidad para afrontar la adversidad saliendo fortalecido, en el convencimiento personal sobre la capacidad para superar con éxito los obstáculos, sin pensar en la derrota, a pesar de que los resultados estén en contra.

La capacidad de resiliencia frente a factores estresantes, es directamente proporcional a la capacidad intelectual para procesar un trauma. Por ello las personas resilientes son más equilibradas frente a las situaciones de estrés, soportan mejor la presión y se enfrentan a los retos con mayor compromiso y proactividad, porque tienen la seguridad de que saldrán adelante.

La resiliencia es aquella entereza más allá de la resistencia, ya que abarca no solamente la capacidad para mantenerse entero cuando se es sometido a grandes presiones emocionales, sino también la capacidad para sortear las dificultades, aprender de las derrotas y a reconstituirse creativamente, transformando los aspectos negativos en nuevas oportunidades.

Es decir, no se trata de la capacidad de sufrir y aguantar como un estoico, ni de resultar invulnerable al dolor, sino en enfrentar y resistir el hecho doloroso o traumático, superarlo y reconstruir de forma renovada la vida que se tenía antes del golpe.

El camino que lleva a la resiliencia no es un camino fácil, sino que implica un considerable estrés y malestar emocional, a pesar del cual se saca la fuerza necesaria para continuar haciendo frente a la adversidad, con la flexibilidad requerida para cambiar y reorganizar la vida, después de haber recibido un impacto negativo.

Para ello hay que saber aceptar la realidad tal y como es; tener el convencimiento de que la vida tiene sentido (y que lo sucedido forma parte de él, siendo necesario por tanto sacar enseñanza y provecho de ello); y una invulnerable capacidad para mejorar (buscando nuevas oportunidades y proyectos), basada en la confianza en los propios recursos.

De esta manera, con la actitud y los pensamientos adecuados, con la capacidad de resiliencia, cada suceso vital negativo, una vez superado, se convierte en el germen de un nuevo proyecto.

Feliz día.

El sistema de creencias


Pensaba hoy en la neutralidad de los hechos que nos suceden, y en como es la interpretación personal de los mismos la que hace que se tengan reacciones negativas o positivas. Por eso es importante darse cuenta del sistema de creencias personal, y de la fuente de las mismas, para determinar si son limitantes o no y poder proceder, en su caso, a su modificación.

Las creencias son filtros a través de los cuales se ve y se interpreta el mundo según la propia historia de vida y las propias experiencias, tanto reales como imaginadas. Se forjan a partir de un análisis de la realidad con un modelo causa-efecto, de manera que una causa es ligada a una emoción y vinculada a una consecuencia (creencia sobre uno mismo o sobre los demás). 

Si ésta es positiva generará una creencia potenciadora del los propios recursos, en caso contrario dará lugar a una creencia limitante que condicionará en negativo la forma de actuar (no puedo, no merezco, no tengo suerte, es imposible…), boicoteando incluso, de forma inconsciente, el propio éxito de aquellas metas que se pretende conseguir.

De esa manera un sistema invisible de creencias creado por uno mismo controla los pensamientos y los comportamientos, y por eso es tan importante reflexionar sobre el sistema personal de creencias, porque estas predisponen los actos y la dirección de la propia vida, y al ser creadas por cada persona, ésta puede variarlas y cambiar el curso de su existencia, reprogramarse, admitiendo que ciertas conclusiones dadas por válidas no son reales, se basan en escasas experiencias o ya carecen de validez.

La manera más simple de eliminar una creencia negativa es probar su falibilidad, insistiendo hasta lograr el resultado que se pretende y que desmiente o contradice a dicha creencia. Cada persona dispone de los recursos que necesita o es capaz de crearlos, y por tanto es un acto de responsabilidad con uno mismo aprovechar al máximo las creencias potenciadoras y cambiar las limitantes para poder conseguir los objetivos vitales.

Feliz día.

Dolor o sufrimiento


Pensaba hoy como para no llegar al dolor, el cerebro puede estancarse en la negación y en el sufrimiento.

Ante un suceso doloroso el cerebro, que se rige por el principio de economía de recursos, se protege, en una fase de negación de lo sucedido, hasta evaluar si realmente la situación es real y merece el gasto de energía vital, física y emocional, derivada del despliegue de los recursos de que se dispone para afrontar el duelo.

La negación es un intento de autoprotección contra el dolor pero constituye la primera etapa del camino del duelo.

Con posterioridad a ella se puede afrontar el dolor o escoger el camino del sufrimiento, es decir, tomar la decisión de no seguir avanzando, de no afrontar la realidad, de perpetuarse en la negación.  Sufrir es cronificar el dolor.

El dolor emocional surge ante una situación o un problema, es una sola emoción (tristeza, enojo, frustración…), y su duración es determinada y proporcional al hecho que la produjo.



El sufrimiento en cambio es un conjunto de emociones que se entrelazan, adquiriendo mucha más intensidad que el dolor y pudiendo durar indefinidamente, aunque la situación que lo provocó ya se haya solucionado, es decir que para evitar el dolor se entra en el sufrimiento.

El sufrimiento pregunta y pregunta sin obtener ninguna respuesta que lo satisfaga, mientras que con el dolor se acabaron todas las preguntas, y sobretodo el dolor siempre tiene un final mientras que el sufrimiento no.

Y para evitar el sufrimiento hay que actuar, abrirse al dolor, aceptarlo, acogerlo y expresarlo para poderlo atravesar y pasar a la siguiente emoción. Por eso el sufrimiento es opcional, porque para dejar de sufrir necesitamos aceptar que estamos sufriendo (que tenemos un dolor), y ver cuál es la ganancia o aprendizaje que podemos extraer de él (aunque sólo sea, que no es poco, el reconocimiento de la fuerza interior o de los propios recursos).

De esta forma se opta por un dolor temporal cuya confrontación genera sensación de valentía e inteligencia, en vez de por un eterno sufrimiento ligado a sensaciones radicalmente distintas.

Feliz día.

El orden sí altera el producto



Pensaba hoy sobre la tendencia humana a la racionalización del sentir como forma de legitimarlo, es decir, de validar su fiabilidad antes de tomarlo en consideración, frente a la adopción de cualquier decisión.

Esa necesidad de justificación, se ampara en una desvalorización de la emoción frente a la razón, y en una necesidad de seguridad al actuar.

El mundo de la razón permite permanecer en una zona de confort, ya que las actuaciones se producen dentro de un marco de posibilidades concretas, analizadas, valoradas, de unos resultados previstos o previsibles, y por tanto, dentro de un ámbito controlado.

Pero ese resultado matemático produce una falsa tranquilidad, además de no ser siempre fiable.

Falsa tranquilidad porque se está obviando escuchar al corazón, y resultados no siempre fiables, porque en su valoración influyen condicionantes sociales, y personales, propios del funcionamiento de la razón.

La justificación científica de que el corazón piensa existe, y así explica Joseph Chilton Pearce, que “pensar con el corazón no es sólo una metáfora, porque la investigación ha demostrado que el corazón es el principal centro de inteligencia en los seres humanos. 

Los biólogos moleculares han descubierto que el corazón, es la glándula endocrina más importante del cuerpo, y que en respuesta a nuestra experiencia del mundo, produce y libera una hormona importante (ANF), que afecta profundamente cada operación en la estructura del sistema límbico, al “cerebro emocional”. 

Esto incluye el área del hipocampo, donde la memoria y el aprendizaje tienen lugar, y también los centros de control de todo el sistema hormonal. 

Los neurocardiólogos han encontrado que del 60 al 65% de las células del corazón, son en realidad células neuronales y no células musculares, como se creía anteriormente. 

Son por tanto idénticas a las células nerviosas en el cerebro, operando a través de los mismos enlaces de conexión llamados ganglios, con las mismas conexiones dendríticas axonales que tienen lugar en el cerebro, así como a través de los mismos tipos de neurotransmisores. 

En otras palabras, hay un “cerebro” en el corazón”.

Pero esa explicación nunca abarcará el fenómeno en su totalidad, porque la parte del corazón que no piensa, siente y el sentir no puede ser razonado.

De ahí que lo aconsejable vaya más allá de una simple interacción entre la emoción y la cognición, entre sentir y pensar, entre corazón y razón, ya que no basta con integrar emoción y pensamiento para que ésta no se reprima, no se elimine o no se olvide, sino que la primera tiene que ser la guía en las decisiones que hay que tomar, en los conflictos que hay que resolver, porque en el corazón se conectan cuerpo y alma.

Y por eso precisamente, para sentir sin más, para escuchar al corazón, es necesario subordinar al ego depositario de todas las respuestas, y no partir de ninguna conclusión que pueda obtenerse razonando.

Basta con desconectar la mente y atender a los marcadores somáticos, esos sentimientos que pueden presentarse a modo de intuiciones, que sólo nos sirven a nosotros mismos y que no pueden argumentarse, así como a las sensaciones fisiológicas. 

El sosiego, la paz, la serenidad, indican que se está en el camino correcto, mientras que el nerviosismo o la inquietud señalan lo contrario.

Porque las decisiones adoptadas solamente con la razón pueden no alcanzar el objetivo, si el corazón no las secunda, mientras que las decisiones adoptadas con el corazón no conseguirán ser boicoteadas por la razón, ya que este se impondrá, mediante la somatización en enfermedades o en una simple sensación vital de disconformidad con uno mismo.

Por esta razón conviene invertir el orden, y en vez de que la mente pida opinión al corazón, que sea éste quien decida dejando a la mente la elaboración de las pautas para la ejecución. 

Porque la razón puede plantear alternativas, pero elegir la adecuada, la que se alinea con uno mismo, es privilegio del corazón en su parte no pensante.

Feliz día.

Escuchar al corazón


Pensaba hoy que la consideración de las emociones, lejos de ser un obstáculo, resulta imprescindible para una toma de decisiones acertadas.

Y en como, antes de tomar una decisión, debemos aprender también a escuchar al corazón, a tener en cuenta las intuiciones y a utilizarlas junto con la racionalidad.

Se trata por tanto de armonizar la cabeza y el corazón, porque la separación entre mente y cuerpo genera tensión interior, conflictos internos y bloqueos emocionales.

Cuando es la mente la que domina, se vive en un universo de pensamientos, análisis de probabilidades, preocupaciones, inquietud e insatisfacción, porque la mente demanda continuamente, es impaciente, perfeccionista y exigente, quiere tener la razón y saber que es lo correcto, se mueve entre extremos e ignora todo lo que no se puede predecir o controlar.

Por el contrario lo que se siente en el corazón son los mensajes que este nos envía y que tienen en cuenta los propios principios y valores internos, porque en el corazón se conectan cuerpo y alma.

Y por eso para poder escucharlo no hay que partir ni de la respuesta que se desea escuchar, y que responderá a las necesidades del ego, ni a la que se puede obtener como resultado del razonamiento.

Se trata de sentir la voluntad del corazón. Si éste está en paz, entonces la decisión tomada o a adoptar es correcta y no vulnerará la serenidad ni el bienestar. Si por el contrario se siente inquietud, confusión o malestar, ello es indicativo de que la decisión cuestionada no es adecuada para la vida y se está contradiciendo alguno de los principios personales.

Y por eso hay que perder el miedo, porque cuanto menos miedo tiene una persona, más usa el corazón y más le gustan los desafíos porque sabe que arriesgarse permite crecer y que del fracaso surge la evolución.

Y ello porque la mente está llena de pasado mientras que el corazón es futuro, está lleno de esperanza, por eso la mente se deja llevar por lo conocido y el corazón por lo que desconoce, por las oportunidades. La mente además está llena de condicionamientos sociales y culturales variables (siendo por ello manipulable), mientras que el corazón es auténtico y más confiable.

Pero sobretodo porque si somos afortunados, oiremos, en forma de malestar, el grito del corazón cansado de estar en silencio. Y solamente escuchándolo podremos recobrar aquella paz derivada del sentir que se está en el camino correcto, en aquel que concuerda con los valores personales que constituyen la esencia de cada uno. Y saber eso es privilegio del corazón.

Por ello hay que aprender a escuchar al corazón sin dejar de lado a la racionalidad, porque el corazón indica el camino a seguir, y la cabeza te muestra la manera más eficiente de recorrerlo.

Feliz día.

Ladran, luego cabalgamos


Pensaba hoy en el cuento de la rana sorda.

Dice así: "un grupo de ranas viajaba por el bosque cuando de repente dos de ellas cayeron en un hoyo muy profundo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo y cuando vieron lo hondo que era, les dijeron a las dos ranas que no trataran de salir porque era imposible. Las ranas no hicieron caso de los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas.

Las otras ranas seguían mirando hacia el fondo del agujero, insistiendo y gritándoles desde el borde que sus esfuerzos serían inútiles. Finalmente una de las ranas creyó lo que las demás decían y se rindió, mientras que la otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más la multitud de ranas le gritaba que dejara de sufrir y se dispusiera a morir en el hoyo, pero la rana saltó cada vez con más fuerza hasta que finalmente consiguió salir.

Cuando salió, las demás ranas le preguntaron: ¿no escuchaste como te decíamos que no podías salir del hoyo?. La rana les explicó que era sorda y que por los gestos creía que la estaban animando para que se esforzara más".

Esta historia contiene dos lecciones: la primera, que una palabra de aliento refuerza la motivación. Y la segunda, que todos mensajes que recibimos pueden ser convertidos en positivos si se emplea la actitud correcta, bien sea desoyendo ( es decir, haciéndose el sordo), o aplicando la frase " ladran, luego cabalgamos".

Porque cuando ante un mal momento o un momentáneo contratiempo en la tarea emprendida, se oyen ladridos de los demás (de euforia, complacencia, regocijo etc.), es señal de que se está cabalgando.

Y con toda seguridad se cabalga hacia un lugar al que nunca podrán llegar solos los que ladran, porque  éstos  necesitan a los que cabalgan para seguirlos con sus ladridos. 

Porque la estridencia de los ladridos, aunque se produzca en un momento de desaliento, sólo demuestra que se está cabalgando en la dirección correcta, y por ello, pueden transformarse en la mejor motivación. 

Porque no hay nada que alimente tanto a un ego pobre como poder ladran a quien cabalga.

Feliz día.

El desapego




Pensaba hoy en el desapego como el trampolín para conquistar esa libertad y esa serenidad interior tan cercanas a la felicidad.

El desapego no puede considerarse como una manera robótica de ir por la vida, indiferentes a las personas y a los problemas; ni una absoluta o limitada implicación afectiva, sino como un requisito necesario para liberarse de esos vínculos obsesivos con objetos, personas o ideas, en los que se deposita la creencia de ser fuente de felicidad, seguridad o sentido vital, temiéndose por ello su pérdida.

Y su existencia es causa de sufrimiento, ya que dicho temor al desprendimiento conlleva la pérdida de la dignidad, del autorrespeto, de la libertad (al no poder decidirse la forma en que se va a actuar), del sosiego (sustituido por la intranquilidad), y de la alegría. Y por ello en el momento en que se puede sentir que una cosa o persona ya no son necesarias llega el alivio emocional.

Pero ocurre que no se educa en el desapego sino al contrario, en el apego, en la necesidad, produciéndose por tanto un vacío ante la desaparición del objeto del apego. Formarse en el desapego, en la impermanencia permite una aceptación natural de las pérdidas, y la sustitución de la expresión te necesito (eres imprescindible) por la de te prefiero (a otras cosas, personas o relaciones).

Y en todo caso el único apego positivo, es el apego interior, porque el que se produce respecto a lo externo es una fuente constante e interminable de infelicidad, ya que la felicidad radica en el ser y no en el tener, reside en sentirse valioso por si mismo, independientemente de las posesiones y de las circunstancias externas. 

Feliz día.

Contador de visitas