La dopamina



Pensaba hoy en la explicación científica de la pereza.

Hay personas que tienen que hacer acopio de fuerzas para conseguir focalizar su atención en el trabajo que deben hacer, se distraen con facilidad y buscan tareas alternativas. 

Para otras en cambio, es fácil afrontar el trabajo y aunque resulte farragoso consiguen mantenerse motivadas.

Según un estudio de la revista Journal of Neuroscience, la respuesta se haya en el cerebro, en la dopamina. 

La dopamina no sólo es un neurotransmisor responsable de las sensaciones placenteras, sino que también es la hormona involucrada en la coordinación de los movimientos musculares, en la toma de decisiones y en la regulación del aprendizaje y la memoria. Sin ella no se sentiría ni curiosidad ni motivación.

Las personas más diligentes laboralmente, liberan mayor cantidad de dopamina en zonas del cerebro relacionadas con la recompensa y la motivación, concretamente el estriado y la corteza prefrontal ventromedial. 

Por otro lado, el alto nivel de dopamina en la zona cerebral implicada en las emociones y en la percepción del riesgo, la ínsula anterior, determina un mayor índice de pereza, un menor deseo de trabajar, incluso aunque eso suponga una reducción de ingresos.

En otras palabras, la liberación de dopamina puede tener efectos opuestos según la zona en la actúa.

Las tareas que requieren esfuerzo necesitan de altas dosis de dopamina en el cerebro, pero éste está preparado para ese esfuerzo, para dedicar recursos, y llevar a cabo tareas que aunque sean desagradables resulten importantes, lo que responde a la propia evolución.

De manera inconsciente, el cerebro está continuamente evaluando aquello que se tiene que hacer, y si vale la pena en función de la recompensa final, decidiendo en función de la experiencia, los gustos etc., la liberación o no de dopamina

Ahora bien los niveles de dopamina en determinadas regiones del cerebro son una explicación, no una excusa.

La dopamina juega un papel en el proceso y siempre se necesita cuando se quiere iniciar una acción, pero existen formas de aumentar la motivación, de enseñar al cerebro a modular el sistema de coste-beneficio, mediante la disciplina, mediante la fuerza de voluntad, que terminará convirtiéndose en un estímulo.

Feliz día.

La procrastinación

Pensaba hoy en la procrastinación, postergación o posposición.

Es la acción o hábito de retrasar las rutinas cotidianas, la solución de problemas personales, las decisiones e incluso las actividades de ocio, sustituyéndolas por otras actividades menos importantes pero más agradables. 

Es decir, es el “ya lo haré...”.

El acto pospuesto es percibido como abrumador o tedioso, por lo cual se auto justifica posponerlo a un futuro, pero simultáneamente, la persona procrastinadora siente ineficiencia personal, desorganización, e incluso carga con la sensación de culpa por la postergación, por lo que el coste de la procrastinación es tan alto que no compensa, resulta disfuncional.

Por eso la procrastinación va unida al "esqueismo", término acuñado para definir el hábito de utilizar la expresión “es que" a modo de locución exculpatoria, porque la disonancia se alivia utilizando las excusas.

Y es que la excusa o autoengaño, no es más que aquel motivo o pretexto insuficiente, arbitrario o poco real, que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión. 

Y el cerebro, que busca siempre el bienestar, recurre a este mecanismo porque resulta temporalmente eficaz.

Existe diversos tipos de personas procrastinadoras: la perfeccionista, que posterga hasta el momento en que pueda hacer la tarea de forma perfecta; la depresiva, que se justifica sobre la base de que no vale la pena realizar la acción; la creativa, etc.

Para combatir la procrastinación hay que dejar de poner excusas, empezar el trabajo inmediatamente, temporalizar las tareas, enfrentar los miedos confiando en la propia capacidad, focalizarse en el beneficio y no en el desgaste, y en suma, asumir responsabilidades.

Porque quien quiere hacer algo encuentra el medio, mientras que quien no quiere, encuentra la excusa.

Feliz día.

El valor del esfuerzo


Pensaba hoy en el uso peyorativo que se da a las palabras sufrimiento, sacrificio y esfuerzo.

El sufrimiento, es la sensación que se produce cuando, por cualquier motivo, se somete al sistema nervioso al desgaste.

El esfuerzo, es el empleo enérgico de la fuerza física o mental, para conseguir un objetivo venciendo dificultades.

Y la palabra sacrificio, se emplea en aquellos supuestos en que se realiza una renuncia, para alcanzar cualquier beneficio de mayor valor.

Por tanto todo esfuerzo conlleva un sufrimiento, un desgaste, y supondrá al mismo tiempo un sacrificio o renuncia, en aras del objetivo superior pretendido.

Pero no todo sacrificio o renuncia comporta necesariamente un sufrimiento o desgaste, ya que dicha renuncia, puede hacerse desde la absoluta voluntad y convencimiento de que se desea ese bien mayor.

La consideración negativa de dichos términos, es simplemente la consecuencia de que implican lucha contra la pereza, la comodidad y el egoísmo.

Y por eso mismo son valores necesarios para la propia superación, son una fuente de crecimiento personal, son el camino para la consecución de las propias metas, son las manifestaciones de la responsabilidad sobre la propia vida, son muestras de valentía y auto superación, son indicadores de madurez, confianza en uno mismo y solidaridad, son en fin, un elemento básico para el éxito.

Feliz día.

Culpa o responsabilidad


Pensaba hoy en los términos culpa y responsabilidad, y la importancia de diferenciarlas.

Y es que aunque en ocasiones puedan ser utilizados de forma indistinta, son tan radicalmente diferentes, que puede existir tanto una responsabilidad sin culpa, responsabilidad civil por hechos ajenos, como una culpa sin responsabilidad penal, si concurre alguna eximente en el autor del hecho.

La culpa es una emoción (estado psicológico de corta duración), que surge cuando se es consciente de que se ha vulnerado alguna norma (moral o social), y que conduce a la auto devaluación, al sentimiento de no merecer y al auto castigo.

En ese momento, cuando se produce el juicio sobre uno mismo, la emoción se transforma en sentimiento (estado psicológico de larga duración), innecesario e improductivo, en cuanto no comporta una acción reparadora.

Por contra la responsabilidad por los propios actos, genera una reprobación hacia la conducta realizada en vez de hacia uno mismo, y una necesidad de enmienda del daño producido.

Así, de lo que se trata realmente es de asumir y aceptar los propios errores, en un acto de madurez y de valor, ya que perpetuarse en un mortificante sentimiento de culpabilidad no cambia el hecho, mientras que la asunción del mismo permite mirarse a uno mismo con objetividad, cambiar las conductas, y proceder a la reparación.

Feliz día.

Alea iacta est


Pensaba hoy en que en la vida se recoge el fruto sembrado en el pasado, y en como siendo esto así, vale la pena continuar apostando por sembrar espiritualidad.

Porque además existe una tendencia innata a ello, generada por estructuras cerebrales pertenecientes al sistema límbico o cerebro emocional, tal como ha puesto de manifiesto la neuroespiritualidad.

La espiritualidad, es esa disposición a investigar y desarrollar las características del espíritu, no partiendo de creencias, ni religiones, sino mediante una indagación laica y libre.

Se trata de vivir tomando como referencia al yo espiritual, al yo interno, y no al ego, a esa auto imagen social exterior.

Porque cuando el punto de referencia es externo, se vive influido por condicionantes exteriores a uno mismo, buscando constantemente la aprobación de los demás, esperando siempre respuesta a los comportamientos y con la necesidad de controlar, se vive por tanto,  en el ámbito del temor.

La espiritualidad está basada en un crecimiento personal interior , en el análisis de las emociones y comportamientos dañinos, para transformarlos y colaborar, mediante el cambio interior, en el cambio exterior global deseado.

Supone además, que en dicho proceso evolutivo hay que partir de las siguientes cuatro leyes:

La primera dice: "la persona que llega es la persona correcta", es decir, que nadie llega a la vida de otro por casualidad, sino que todas las personas sirven para aprender y avanzar.

La segunda dice: "lo que es, es la única cosa que podía haber sucedido", absolutamente nada de lo que sucede en la vida podría haber sido de otra manera, porque todo lo sucedido es necesario para el aprendizaje a pesar de que el ego se niegue, en ocasiones, a aceptarlo.

La tercera dice: "en cualquier momento que comience es el momento correcto", todo ocurre cuando se está preparado para ello.

Y la cuarta dice:  "cuando algo termina, termina", y hay que seguir, enriquecidos por la experiencia, avanzando por el camino marcado por la vida.

Y como ser feliz no es cuestión de destino, sino que es cuestión de elección, "Alea iacta est".

Feliz día.

Esperanza o ilusión



Pensaba hoy en la diferencia entre ilusión y esperanza.

Y es que aunque se usan de forma prácticamente indistinta, se diferencian tanto en sus elementos como en sus consecuencias.

En la ilusión siempre hay involucrado un engaño, una percepción errónea surgida de la imaginación o de los sentidos pero que no tiene una base real, que carece de fundamento racional, y está alimentada por la simple posibilidad de el suceso acontezca.

La esperanza por su parte, está basada igualmente en la expectativa de resultados favorables, pero basada en hechos y elementos reales, de los que se dispone, y genera una actitud positiva.

De ahí que la esperanza sea una emoción activa, y la ilusión sea pasiva. 

Es decir, que en la ilusión se espera recibir sin accionar, mientras que en la esperanza incluye un planeamiento, una consideración de las acciones a adoptar para poder poner en movimiento los proyectos en los que se ha depositado esa confianza.

Por eso y puestos a construir objetivos sobre expectativas, es mejor moverse en el terreno de la esperanza que en el de la ilusión.

Feliz día.

La paradoja de la libertad



Pensaba hoy en la libertad, entendida como la facultad natural de toda persona de obrar de una manera u otra, o de no obrar, siendo en todo caso responsable de sus actos u omisiones.

La libertad no es un concepto absoluto, sino que tiene unos límites naturales, impuestos por la naturaleza de las leyes físicas, por el propio pasado al que no puede renunciarse, y unos límites artificiales que son aquellos derivados de la convivencia.

Y ahí reside la paradoja de la libertad, en el hecho de que su inicio se encuentra en el autocontrol, de manera que no todo límite es un impedimento, sino que aquellos que evitan excesos, aumentan la libertad.

El autocontrol no es más que el dominio de las propias emociones, comportamientos y deseos, y por ello una persona carente de autocontrol, actuará por impulsos, pensamientos y sentimientos falsos e incluso puede que contrarios a su voluntad.

Porque la verdadera libertad es la de seguir a la propia conciencia y mantener la integridad personal. 

Esto es la libertad de voluntad, que aunque puede involucrar luchas y necesitar de mucha valentía, desemboca en un sentido de liberación y cumplimiento.

Y no puede confundirse la libertad con el libertinaje o forma de actuar absolutamente egocéntrica, y sin consideración a los demás, ya se trate de un libertinaje cognoscitivo donde la verdad se sustituye por la propia opinión, o de un libertinaje ético, en el que la vida ética se desliga de toda objetividad delegándose a una decisión subjetiva.

Porque en ambos casos el uso de la libertad para mantener actitudes liberadas inadecuadas, conducirá a medio plazo a una sensación de pérdida de la pretendida libertad, precisamente por ultrapasarse los límites de la moral.

Y es que todo actuar tiene sus consecuencias, y libertad y responsabilidad son dos caras de la misma moneda.

Y por ello a mayor libertad mayor responsabilidad y viceversa, existiendo una libertad implícita en la asunción de la responsabilidad de las propias elecciones, tanto en relación a como se actúa, como en relación a como se es.

Porque la esencia de la libertad no sólo es poder elegir, sino también, la habilidad de elegir bien y elegir lo correcto.

Feliz día.

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