El amor in-condicional


Pensaba hoy en la base neurológica del amor incondicional, considerado actualmente como una de las mayores expresiones de la espiritualidad.

Un grupo de científicos canadienses, encabezados por el profesor Mario Beauregard, del centro de investigación en neurofisiología y cognición de la Universidad de Montreal, han descubierto que esta emoción, experimentada como el deseo de cuidar a los demás sin excepción, sin ningún tipo de compensación y sin límites, emerge de una compleja interrelación entre siete áreas separadas del cerebro.

El amor incondicional es desinteresado, no conoce fronteras y no es crítico, no conoce requisitos ni exigencias, es independiente de los éxitos o fracasos del otro, sólo se da.

El amor condicional por contra, está sujeto al cumplimiento de condicionantes, conscientes o inconscientes.

Estos condicionantes derivan por una parte, del hecho de que cada persona tiene unas necesidades, preferencias, intereses, miedos, formación etc., fruto de su experiencia vital, y que deben encajar con las que tenga el otro miembro de la relación.

Y por otro, son consecuencia de que cada relación se basa en unas normas de funcionamiento, establecidas de mutuo acuerdo y fruto de un compromiso, como el respeto, la honestidad, la comprensión etc.

En cualquier relación trascendente, intervienen pues tres tipos de amor, el incondicional, el condicional, y sobretodo y de forma previa, el amor por uno mismo.

Y es que es necesario valorarse para valorar, quererse para querer, respetarse para respetar y aceptarse para aceptar, ya que nadie puede dar lo que no tiene.

Porque aceptar a otra persona como es, no implica sacrificar la autoestima, o la alienación derivada de la pérdida de la identidad.

Y porque el amor, a pesar de ser la mayor fuerza en el mundo, por sí sólo no es suficiente, necesita de las personas para materializarse.

Feliz día.

Cerrando círculos


Pensaba hoy en el ciclo vital del águila.

Un águila llega a vivir 70 años, pero para llegar a esa edad, durante su cuarta década, debe tomar una seria y difícil decisión.

En esos momentos sus uñas se han vuelto tan largas y flexibles que no puede sujetar a las presas de las cuales se alimenta, el pico alargado y en punta se curva demasiado y ya no le sirve; y las alas están envejecidas y pesadas en función del gran tamaño de sus plumas, haciéndole difícil volar.

Entonces tiene sólo dos opciones: dejarse estar y morir, o enfrentar un doloroso proceso de renovación que le llevará aproximadamente 150 días, y que consiste en volar a lo alto de una montaña y recogerse en un nido donde se sienta protegida.

Elegido el lugar, comienza a golpear la roca con el pico hasta desprenderlo, y espera a que le nazca un nuevo pico con el cual podrá arrancar sus inservibles uñas y cada una de sus viejas plumas.

Tras esos largos y dolorosos cinco meses de heridas, cicatricaciones y crecimiento, logra realizar su vuelo de renovación para vivir otros 30 años más.

Este ejemplo ilustra como ante una situación de cambio, la evolución vendrá determinada por la capacidad de aceptación, y la correspondiente reacción de adaptación, a través de la focalización en los aspectos positivos que pueden derivarse de ese cambio.

Y esto es aplicable a cualquier cambio que se produzca en el transcurso de la vida. 

Tanto las cosas como las personas llegan a nuestra vida y se van de ella justo en el momento indicado. 

Sólo es necesario comprender que la vida es un rompecabezas, que la mayoría de las veces sólo puede entenderse en su conjunto, desde la humildad y con la perspectiva que otorga el paso del tiempo.

Cerrar puertas es imprescindible para que avance el presente, porque el pasado es historia y sólo sirve para aprender y evolucionar, tomar conciencia de los errores o decisiones equivocadas, y detectar las oportunidades de desarrollo para encontrar el sentido de la propia vida.

Cerrar puertas, es como vaciar un vaso lleno de agua sucia, que no va a beberse, para poder llenarlo de agua limpia y fresca.

Cierto que puede resultar más cómodo mantenerse inactivo en la melancolía que adoptar decisiones, sobretodo porque el subconsciente dificulta el avance, pero lo que está en juego es la posibilidad de construir una nueva vida, llena de posibilidades incluso mejores que las que existieron en el pasado.

Y para ello hay que dejar atrás el rencor, el odio, las culpabilidades, el resentimiento y cerrar la etapa, interiormente, con afecto y agradecimiento por el aprendizaje.

Hay que reflexionar sobre cómo se desea vivir, y plantearse objetivos y proyectos nuevos y que pueden haber quedado olvidados o relegados, hay que aceptar la responsabilidad de edificarse a uno mismo, y asumir que el mañana será el resultado de lo que se haga hoy.

No hay que olvidar que la vida es una estación de trenes, donde se producen encuentros y despedidas a las que hay que acostumbrarse, sin sentirse culpable por el devenir de los acontecimientos, entendiendo que cada ciclo es una pieza del puzzle vital.

Una pieza perfecta aunque finita, y que no cobra sentido por si sola, pero cuya existencia es necesaria para la obra final.

No se conoce a nadie por casualidad, las personas llegan cuando se está preparado para recibirlas y parten cuando su presencia ya no es necesaria o entorpecen la evolución, todo responde a un propósito. Esa es la mágica sincronía de la vida.

Hay que entender el mensaje, alzar la vista más allá, generar nuevas ideas, cambiar costumbres, y aprovechar la nueva oportunidad de diseñar un futuro que, con toda probabilidad, será más acorde con las propias necesidades.

Hay que imitar la actitud del águila y prepararse para lo que está por llegar, con la seguridad de que cada uno es capaz de dar un nuevo y mejor sentido a su vida.

Feliz día.

Deseo, sueño, propósito, meta y objetivo

Pensaba hoy en como las palabras deseo, sueño, propósito, meta y objetivo, son necesarias para una vida emocional sana, y en cómo se emplean de forma indistinta, cuando tienen matices que las hacen significativamente diferentes.

El sueño carece de fundamento, no forma parte de la realidad y tiene difíciles posibilidades de realización. Es fruto de la capacidad de imaginar cosas o situaciones, que podrían provocar un cambio en la vida.

Los deseos son impulsos tendentes a la satisfacción de necesidades a las que se confiere una gran importancia, aportan una satisfacción inmediata y momentánea, no tienen porque implicar un cambio de vida, y tienen una posibilidad real de materializarse.

Ahora bien, los deseos se mantienen en el campo de la pasividad en la evolución personal, no suponen, como los sueños, una actividad mental tendente a lograr los objetivos vitales.

Los sueños permiten una visión mental, es decir, la posibilidad de ver lo que no existe, sino lo que puede llegar a existir con esfuerzo, inteligencia e intención.

Porque si realmente se tiene la intención de cumplir un sueño, las acciones irán encaminadas a conseguirlo

Por su parte los objetivos son aquellos fines a los que se dirige o encamina una acción u operación, y constituyen normalmente grandes logros.

Las metas son de menor envergadura, constituyen fases en la consecución de los objetivos.

Y finalmente, los propósitos, son la voluntad de hacer algo. Un propósito en general puede consistir en lograr un sueño, un deseo, un objetivo o una meta.

Todas las personas tienen algún sueño que desearían cumplir, y que no intentan hacer realidad por miedo, falta de confianza hacía si mismos o cualquier otra excusa, focalizándose en las dificultades en lugar de en las oportunidades, imponiéndose los propios límites.

Pero ni el éxito ni la felicidad provienen de la suerte, todos los logros son sueños hechos realidad, y para eso es necesario distinguirlos de los simples deseos y proponerse conseguirlos, trazándose metas tendentes a ese objetivo.

Porque nada llegará a suceder si no se intenta, porque los sueños pueden cumplirse, porque sin visión mental y esfuerzo no se consiguen las cosas, y porque rendirse no tiene que considerarse una opción.

Feliz día.

La autoevaluación


Pensaba hoy en el cuento de Jorge Bucay llamado el verdadero valor del anillo:

Un joven llamado Malva acudió a un sabio en busca de ayuda.

- Vengo, maestro, porque me gustaría obtener un mayor reconocimiento y no sé cómo conseguirlo.

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

- ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después... Aunque...si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después ayudarte.

- Encantado, maestro -respondió Malva.

- Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: 

Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

Malva tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. 

Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros se retiraban y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de ese anillo.

En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

¡Cuánto hubiese deseado Malva tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.

- Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

- ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

Malva volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

- Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

- ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.

- Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

- Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y es que el autoconcepto es la base de una vida emocional sana, y la valoración que lo sustenta debe nacer de lo que honestamente se piensa de uno mismo, y no de la opinión que tengan los demás, porque de esta forma además, la propia tranquilidad estará en las propias manos y no en la forma en que responda el entorno.

Un autoconcepto positivo genera un sentido de autoconfianza, en el que no se depende del resto de personas ni de estímulos ajenos para sentirse motivado.

Para lograrlo simplemente hay que tomar conciencia de las propias conductas, ideas y conocimientos, analizar la forma en que se puede mejorar la personalidad, fomentar las capacidades de que se dispone, siendo consciente de las propios recursos y filtrar las opiniones ajenas.

Y es que los comentarios, opiniones o juicios que otros hacen sobre uno mismo, no pueden anteponerse sin más a las propias opiniones, sobre todo si provienen de quien no tenga la capacidad suficiente para emitir dichos comentarios, opiniones o juicios.

Porque toda persona es única y con un valor que sólo un auténtico joyero puede determinar, y porque amarse a uno mismo es el comienzo de una historia de amor eterna.

Feliz día.

El enojo en positivo


Pensaba hoy en Drazen Petrovic, uno de los mejores jugadores de baloncesto.

En un partido falló dos tiros decisivos y su equipo perdió. Se enfadó y en plena noche, pidió las llaves del pabellón y se puso a lanzar triples hasta la madrugada. 

Lo que hacía que este jugador fuera el mejor era precisamente su gestión del enfado. 

Se enfadaba no con el público, ni con la suerte, ni con el árbitro sino consigo mismo, y trabajaba para mejorar.

Y es que hay que poder comprender las emociones para poder enfocarlas y utilizarlas de forma positiva, como instrumento para el autoconocimiento.

Cada enojo tiene como origen o un miedo concreto y personal, o bien está relacionado con las expectativas y el nivel de tolerancia a la frustración, y por ello permite detectar los puntos a mejorar a través del análisis de las situaciones en que se produce.

Reflexionar sobre las verdaderas causas del enojo, mediante el enfado con uno mismo, en lugar de culpar de éste a una situación o a una tercera persona, permite el cambio de conceptos, actitudes y pensamientos, llegando a evitar futuros enfados.

Por otra parte el enfado daña tanto si no se exterioriza, como si se dirige hacia un tercero, porque en ambos casos, se trata de una emoción que genera una reacción que incide directamente en el estado físico y mental.

Por ello y ante una situación susceptible de motivar un enfado, resulta positivo detectar la verdadera causa, preguntarse si se ha sido todo lo diligente posible para evitar esa situación, si nunca se ha tenido el comportamiento que se recrimina, y cuestionarse cómo actuar frente a ese enfado.

Porque esta reflexión permite plantear una alternativa al enfado: o bien expresar el malestar de forma conciliadora, o bien dirigirlo contra uno mismo por haber formado parte de esa situación, y poner los medios para que no vuelva a producirse.

Este tratamiento del enojo permite el crecimiento personal, y convertir las situaciones negativas de hoy en los éxitos de mañana.

Feliz día.

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