El valor de la confianza


Pensaba hoy en la importancia del valor de la confianza en las relaciones sociales, y en su verdugo, la traición.

La confianza es la creencia en que una persona será capaz y deseará actuar de manera adecuada en una determinada situación, es decir, que su actuación será coherente con sus pensamientos y manifestaciones.

No deja de ser pues una suerte de apuesta, basada en la seguridad de la conducta del otro ante una hipótesis futura.

De ahí que la confianza pueda reforzarse o debilitarse, de acuerdo con las acciones que la otra persona realice.

En este sentido la traición es una de las acciones más destructivas en las relaciones humanas, ya que supone el quebranto de la confianza mediante la deslealtad.

De ahí que por eso lo más triste de una traición, es que nunca viene de un enemigo.

En todo caso la persona traidora pierde la amistad, el amor y sobretodo el respeto de sus allegados y de la comunidad en general, siendo muy difícil su recuperación.

Recuperación que si bien depende de los actos de la persona que vulneró la confianza, depende sobretodo de la decisión de la persona traicionada, porque está en sus manos creer de nuevo en la veracidad de las palabras y comportamientos ajenos.

Se trata de un esfuerzo bilateral en el que intervienen al mismo nivel, la conducta reparadora de la persona que cometió la falta, y la voluntad de recuperar la fe de la persona agraviada.

Y en todo caso el valor de la confianza es uno de los que más dicen de la persona, frente a los demás y como no, frente a uno mismo, ya que tan importante es no traicionar como no traicionarse, resultando prácticamente imposible tener una higiénica visión personal, cuando se es consciente de la imposibilidad de sostener, intencionadamente o no, la palabra dada.

Porque en suma, la confianza es el valor que sostiene a todos los demás, es un elemento clave, decisivo e indicativo de la propia coherencia e integridad.

Feliz día.

La ceguera intencional


Pensaba hoy en la "ceguera intencional", y en como reparar en algo depende no sólo de lo visible que esto sea, sino de si se busca o no.

Y es que en realidad se suprime del campo de la atención, tanto aquello que no tiene el aspecto de lo que se persigue o desea, como aquello que tiene el aspecto de lo que se quiere ignorar.

Porque si bien los ojos sólo ven en alta resolución dentro de un radio de dos grados desde el punto de enfoque, y por tanto las cosas o personas situadas más allá permanecen principalmente desenfocadas, tampoco se ven aquellas cosas o personas situadas dentro del radio de acción, pero respecto de las cuales se ha suprimido la atención.

De manera que cuanto mayor sea la concentración en lo que se espera ver, menos probable será ver lo inesperado.

Así ocurre en el caso de los trucos de magia, en los que se focaliza la atención de tal manera en un aspecto, que el resto del mundo cambia sin percibirlo.

Porque al centrar la atención en un punto, las células que representan esa zona aumentan su actividad, y en las de alrededor ésta disminuye, así que un mismo estímulo que antes activaba esas áreas ahora pasa desapercibido.

Tener un enfoque flexible,  una apertura cognitiva adecuada, permite captar la cantidad ilimitada de información existente en el mundo, y enriquecerse conociendo cosas y personas a las que de otra forma no se hubiera tenido acceso.

Se trata no de ver sólo lo que interesa ver, sino de abrirse al abanico de posibilidades existentes.

Feliz día.

La adicción al amor



Pensaba hoy en que el amor es una adicción natural, tanto cuando genera felicidad como en el caso contrario, resultando tan adictivo como las drogas.

La antropóloga Hellen Fisher, realizó un estudio con grupos de cocainómanos y enamorados, y descubrió su similitud tanto en las bases neuronales como en los estados conductuales, es decir, que se generan sentimientos placenteros mientras dura la felicidad y, cuando esta desparece y se produce el abandono, surge el mismo síndrome de abstinencia.

El amor en su fase de enamoramiento, es un mezcla explosiva de hormonas que atenúa su efecto con el paso del tiempo a medida que se afianza la relación, al igual que pasa con el consumo de drogas en el que llega la tolerancia.

Hay por lo menos cuatro neurotransmisores, que modulan la capacidad de sentir recompensa o motivación al estar con alguien, o al consumir una droga: la oxitocina, la vasopresina, la dopamina y los opioides.

La oxitocina y la vasopresina, activan áreas similares del cerebro ante un vínculo de pareja y ante el consumo de drogas. 

De ahí que investigadores como el doctor Jaak Panksepp, entre otros, han demostrado que el contacto social positivo, y los vínculos afectivos pueden disminuir la necesidad de la persona por consumir una droga adictiva.

Por su parte el contacto social, el sexo y el juego, aumentan la cantidad de opioides responsables de la euforia o el placer. 

Estos opiodes liberan a las neuronas dopamionérgicas, mediadoras de los deseos por conseguir la droga o mantener el enamoramiento.

Cuando toda esta cascada química desciende, los receptores neuronales ya se han acostumbrado a ese exceso de flujo químico, y el enamorado (o consumidor), necesita aumentar la dosis para seguir sintiendo lo mismo, lo que es interpretado erróneamente como una pérdida de amor.

Por eso cuando las etapas de enamoramiento y desilusión se concatenan ininterrumpidamente, existe un indicio de una adicción al amor, ya que la persona no puede prescindir del efecto placebo del enamoramiento, impidiendo la consolidación de cualquier relación estable con la consiguiente insatisfacción vital.

Como ante cualquier adicción, es necesario tomar conciencia del problema, y de los síntomas que se experimentan.

Hay que saber distinguir el amor del enamoramiento, y aprender a manejar el comportamiento a pesar de las señales neuroquímicas confusas, que pretenden mantener el máximo de neuroquímicos de la felicidad.

Feliz día.

El rechazo



Pensaba hoy en el rechazo, y en la diferencia entre tenerle miedo o ser adicto a él.

El miedo al rechazo es un estado de alerta o angustia por la presencia de un peligro real o imaginario, es decir, ante una situación en la que se pueda ser rechazado.

Por el contrario la adicción al rechazo, supone una dependencia a esa sensación desagradable.

Existen básicamente dos tipos de rechazo: el activo, que suele expresarse en forma de ‘bullying’, y el pasivo, que consiste en aplicar la ignorancia y la indiferencia.

En ambos casos se genera una reacción de rabia, vergüenza o tristeza, y se desencadenan los miedos y las inseguridades.

Y también en ambos casos, el nivel de incidencia será directamente proporcional al propio reconocimiento o autovaloración de que se disponga.

Ahora bien la diferencia básica entre el miedo al rechazo y la adicción al mismo, radica en que en el primero se huye con una intención de protección, mientras que el segundo, se busca el rechazo aún sabiendo que implica destrucción, o precisamente por eso.

Esta adicción, que presenta los mismos síntomas que cualquier otra: pérdida de contacto con uno mismo, autodestrucción, caos físico y espiritual...,  se caracteriza porque las personas que la padecen suelen ser expertas en encontrar el rechazo de alguien o algo, sintiéndose atraídas por personas que, de una u otra forma, las van a rechazar o que no están siempre emocionalmente disponibles.

Porque en el fondo no están cómodas con su bienestar, motivo por el cual se auto sabotean como expresión de su convencimiento de que “no merecen”, de su baja autoestima.

Así ante una situación estable, les surge el impulso incontrolable de ser rechazados, por lo que despliegan todo su potencial para conseguirlo.

Y ello aunque tal y como puso de manifiesto Winch, las áreas cerebrales que se activan ante un rechazo, córtex somatosensorial e ínsula posterior dorsal,  son las mismas que las que se activan ante un dolor físico.

Pero combatir tanto el miedo como la adicción al rechazo es posible, y depende únicamente de una decisión personal.

Basta con reconocer la propia singularidad, y entender que el rechazo no es una responsabilidad propia sino de la persona que toma la decisión de rechazar, de reconocer el propio valor, de saber que el rechazo no es más que la opinión de una persona, no concediéndole el poder de la generalización ni por supuesto más valor que a la propia opinión.

Y es que la importancia de entender como funciona el rechazo en cada uno, radica en que como dijo Marie Curie, dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender.

Feliz día.

Confiar en la vida



Pensaba hoy en la vida, no como período de tiempo entre el nacimiento y muerte, sino en la vida como camino de superación personal, y en como el ego de las personas pretende resistirse a ella imponiendo su voluntad, en lugar de escuchar y entender sus mensajes.

Y es que existe una lucha de fuerzas entre el ser humano, que se considera capaz de construir sólo su destino, y saber en cada momento lo que requiere y le resulta favorable, y la vida, que otorga no lo que se le pide sino lo que realmente, y aunque se desconozca o incluso se considere lo contario, se necesita para el crecimiento personal, para el desarrollo del verdadero potencial de cada uno.

Por eso no hay errores en la vida, sino lecciones, y ante la presencia de obstáculos, contratiempos, decisiones que causan sufrimiento, etc., el mensaje de la vida no es “se tiene lo que se merece”, sino “se tiene lo que se necesita para evolucionar”.

Esa es la esencia de la vida, cuya primera y básica enseñanza es la humildad, el domesticar con firmeza a la soberbia humana, colocando en la vida de cada uno aquellas circunstancias necesarias para que se reconozca su papel de maestra, y se desarrolle la actitud necesaria para el aprendizaje.

Desde ese punto de partida, cada dificultad tiene que ser vista como un examen cuya superación permite el acceso al siguiente nivel, por haberse adquirido la preparación necesaria.

Y en consecuencia cada nuevo reto conseguido redunda en la autosatisfacción, porque ésta radica en gran parte en conseguir desplegar todo el potencial.

De ahí que cuando frente a una lección de la vida, la persona se resiste a aprender, la lección se repite incansablemente, hasta que se capta cual es la actitud o la conducta que se espera de cada uno ante la situación planteada, hasta que se aprende.

Todo suceso tiene un porqué y toda adversidad sea personal, profesional o incluso espiritual, es necesaria para la expansión de la persona.

Es cuestión simplemente de cambiar la perspectiva, el punto de mira, la actitud vital.

Es cuestión de dejar de resistirse, de atenuar el ego, de fomentar la humildad, de volver la vista atrás y comprobar como cada fracaso ha contenido la semilla de algo mejor.

De adoptar una posición inteligente, mirar en el interior y detectar que tecla está queriendo la vida que se toque, de auto esculpirse siguiendo las directrices.

De entender que persistir en el estancamiento o radicalizar la resistencia al cambio pretendido por la vida, es perder el tiempo y la energía, porque la vida ni se rinde ni contempla rendiciones.

De entender que de la vida no se puede huir porque dispone de múltiples recursos, coincidencias, sincronías, recuerdos, impulsos...,  para colocar a las personas nuevamente ante la situación esquivada, y que cuando se cree haber encontrado un atajo, se la encuentra esperando al final del camino.

Es cuestión de confiar en la vida, y dejar de sufrir por intentar imponer la propia visión de cómo deben desarrollarse los hechos, para aceptarlos tal y como son, en la creencia de que son como deben ser para contribuir al desarrollo de las propias capacidades.

Es cuestión de cambiar la pregunta ¿porqué me pasa esto?, por ¿para qué me pasa esto?, y adoptar una posición colaboradora con la situación por el propio bien.

Es cuestión de mirar a la vida con agradecimiento, por colocar los obstáculos que necesitan superarse para llegar a ser feliz, por enseñar a perdonar, a amar, a olvidar, a luchar, y sobretodo por empeñarse tozudamente en mostrar hasta donde se puede llegar.

Porque la vida en muchas ocasiones cree más en cada uno que uno mismo, y aceptar eso es el inicio del entendimiento del sentido de la existencia.

Feliz día.

La inseguridad


Pensaba hoy en la inseguridad, la falta de autoestima, sus diferencias y su relación.

Y es que si bien ambos conceptos tienen el mismo origen, la mala actitud frente a uno mismo, uno hace referencia a la capacidad y el otro a la valía.

La autoestima está relacionada con la falta de apreciación del propio valor, del propio reconocimiento, en general o en determinadas situaciones, y por eso es posible que la persona se sienta muy valorada en ciertos círculos, y poco o nada en otros.

La falta de autoestima afecta directamente a la manera de actuar, de relacionarse con los demás, a la forma en que se produce la superación de un rechazo, a la capacidad para afrontar las críticas, y a la facilidad para imputarse la responsabilidad total de los fracasos.

La inseguridad es la falta de confianza en uno mismo, en los propios recursos y capacidades, bien de forma generalizada o bien en algún área determinada, y por eso la misma persona puede parecer muy segura en un entorno y muy poco segura o temerosa en otro.

La confianza en uno mismo se manifiesta también en el actuar, en la forma de reaccionar frente a los errores, en el entusiasmo, o en la capacidad para emprender.

La inseguridad produce un estado de duda constante, que dificulta la toma de decisiones hasta el punto de preferirse recibir órdenes a tener que elegir por uno mismo.

Instaura en el miedo a no saber afrontar las situaciones, paraliza, no permite el cambio, sitúa en la desconfianza ajena, en la dependencia de las opiniones de los demás por encima de la propia, y en la falta de credibilidad en la duración de los sucesos positivos.

Y a menudo la incomodidad de la inseguridad, es compensada por mecanismos psicológicos de defensa, como un aspecto autosuficiente y arrogante.

Porque la inseguridad es limitante, frustrante y, paradójicamente, mantiene a la persona en un estado emocional peor a aquel que se teme.

Por eso frente a la inseguridad, el único camino es la acción, porque el mundo está en constante cambio, y frente a este hecho la solución reside en apostar por uno mismo, en alimentar la convicción de que se sabrá reaccionar adecuadamente ante cualquier situación.

Y esto sólo es posible desde el intento, desde la actuación, desde el enfrentar el miedo para observar el resultado y la gratificación que se siente, porque, cada vez que se elije el riesgo , la confianza aumenta, ya que el éxito no es ganar, sino saberse capaz de intentarlo.

Y es que la verdadera seguridad reside en el conocimiento de saber que, pase lo que pase, se dispone de los recursos internos necesarios para afrontar cualquier cambio o situación que pueda surgir en la vida.

Feliz día.


La psicología inversa



Pensaba hoy en la psicología inversa, esa técnica de intervención psicológica que juega con la sorpresa y la persuasión.

La psicología inversa consiste en conseguir que otra persona haga o diga algo, mediante el uso de distintas fórmulas, como el pedirle lo contrario de lo que se desea ("¡no leas esto!").

Las personas que responden a esta fórmula son, en su mayoría, aquellas que tienen dificultades para aceptar la autoridad y que poseen un fuerte ego.

Es importante encontrar el momento para aplicarla, y para ello hay que esperar hasta que la discusión esté encarnizada y se tengan verdaderos deseos de ganar, ya que llegado ese punto, se olvida la causa de la discusión priorizándose el tener razón.

Entonces se busca el efecto sorpresa, y o bien se dice lo contrario de lo que se ha venido sosteniendo, o se da un enfoque alternativo del tipo " bien, tu ganas", con lo que se consigue lo pretendido.

La base de éxito de la psicología inversa se encuentra en la reactancia, esa activación motivacional que conduce a la persona que recibe una indicación, a intentar restaurar su autonomía y libertad de acción, no siguiéndola o haciendo lo contrario, al percibir su libertad amenazada.

Y es que en estos casos se infravaloran las conductas permitidas, y se sobrevaloran las prohibidas.

La psicología inversa tiene que usarse únicamente en casos en que sea necesario, ya que no está carente de efectos secundarios.

Y esto es así porque puede que la persona se sienta manipulada o se acostumbre a desobedecer, al recibir el mensaje de que es premiada cuando hace lo contrario de lo que inicialmente se le ha pedido que haga.

Pero sobretodo porque al fin y al cabo, no es más que una forma de manipulación mental para tomar el control del pensamiento, del comportamiento y de las decisiones de una persona, eliminando sus capacidades críticas, su capacidad de juzgar y de rehusar informaciones u órdenes.

Feliz día.

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