Luchar o rendirse

Pensaba hoy en la canción “ No surrender” de Bruce Springsteen, y en una estrofa de la misma que dice: “hicimos una promesa que juramos recordar siempre, no hay retirada, no hay rendición.

Luchar es esforzarse para resolver un conflicto, es hacer frente a las dificultades, para obtener un objetivo.

Y es necesario y positivo disponer de coraje para encarar los problemas, y encontrar soluciones creativas, para no decaer en los posibles fracasos, para explorar y explotar los propios recursos, para superar las limitaciones, para insistir en el intento de conseguir lo que se desea en la vida, porque eso no deja de ser, al fin y al cabo, una forma de luchar por uno mismo.

Ahora bien, el tema estriba en determinar los límites de esa lucha.

Y es que luchar tiene sentido mientras existe una esperanza, mientras el objetivo es real y realista, mientras no se violen los principios personales, mientras no se sacrifique más de lo que se puede ganar, mientras no se comprometa la integridad mental, y mientras el resultado dependa de la propia actuación, y no de hechos absolutamente aleatorios o ajenos.

Porque rendirse, no es necesariamente sinónimo de resignarse, sino de aceptar.

Y aceptar es reconocer que se hizo todo lo posible y no pudo ser, abriéndose a nuevos retos, permitiendo a la vida el ofrecimiento de otros horizontes, mientras que resignarse, implica un estancamiento ante la situación, en la que se permanece con un lamento autocompasivo.

Por eso hay que luchar por hacer realidad los sueños, sin perder de vista que en determinadas circunstancias, retirarse a tiempo, con la satisfacción de haber dado lo mejor de uno mismo, no tiene precio.

Feliz día.

El egoísmo positivo



Pensaba hoy en los distintos tipos de egoísmo, y su relación con la autoestima.

El egoísmo está definido como el excesivo aprecio que tiene una persona por sí misma, y que le hace atender desmedidamente a su propio interés, sintiendo indiferencia o subestimando las necesidades ajenas, y sin tomar en consideración la repercusión que las palabras y actos ocasionan en los demás.

El egoísmo es fruto de una inadecuada maduración de la personalidad, que lleva a concebir la vida de forma dual: "o comes o te comen".

Y detrás de él existe una autoestima baja, necesitada del reconocimiento exterior para sentirse fuerte.

De ahí que el egoísta siempre residencie la culpa en el otro, y desee estar de forma permanente por encima de los demás, imponiendo su forma de pensar.

Ahora bien, cualquier persona tiene cierto grado de egoísmo, en la medida en que es necesario pensar en uno mismo, para sobrevivir física y emocionalmente.

Se trata del llamado "egoísmo positivo", que a diferencia del anterior, prioriza, pero ni desatiende, ni ignora, ni siente indiferencia ante los otros.

Desde esta posición todas las personas importan, pero se les quita el poder para dirigir, acaparar o interferir en la propia vida.

Es un egoísmo transigente, negociador, que conoce sus prioridades, pero no se niega a revisar sus convicciones.

Mediante este egoísmo consciente, se ejercita la autoestima, y se fortalece la confianza en uno mismo.

Porque la autoestima, se basa en la aceptación, la valoración y el respeto personal, manteniendo en las interacciones sociales, la identidad, sin ceder a la necesidad personal de aceptación y aprobación.

Y es que conviene no confundir el respetarse (autoestima), el hacerse respetar (egoísmo positivo), y el no respetar a los demás (egoísmo).

Feliz día.

El miedo


Pensaba hoy en el miedo a lo desconocido, y a lo conocido.

El miedo es una emoción primaria, que aunque resulte desagradable, tiene una finalidad de protección, de alerta ante los peligros, para asegurar la supervivencia.

El miedo a lo desconocido es por tanto positivo, cuando existe un motivo real para sentirlo.

Por el contrario, si se trata de un miedo imaginario, sin fundamento,  basado en conjeturas, y estudios de probabilidades que lleven a configurar el peor escenario posible, o en anticipaciones subjetivas, la percepción del peligro es creada y no real, y por lo tanto, carente de sentido, al faltar la amenaza.

Asimismo el miedo a lo conocido, tampoco es realmente miedo, sino parálisis o huida ante una situación conocida, que se sabe que genera sufrimiento.

El todos los casos el mecanismo que desata el miedo se encuentra, tanto en personas como en animales, en el cerebro reptiliano, que se encarga de regular acciones esenciales para la supervivencia, como comer y respirar, y en el sistema límbico, encargado de regular las funciones de conservación del individuo y de la especie.

Y funciona de igual manera en presencia de una amenaza física, que ante una psicológica.

En cualquier caso la única forma de vencer el miedo es afrontándolo.

Es decir que ante una situación generadora de temor, hay que vencer el instinto de huida y encararse, actuar.

Porque de lo contrario se será siempre esclavo de esa situación, aún disponiendo de los recursos suficientes para dominarla.

E incluso una vez superada, resultará mucho más sencillo reproducir la experiencia vivida, ante otra situación que atemorice,  porque se habrá ganado en autoestima y confianza.

Y es que lo contrario, es permitir que sea el miedo, el que tome las propias decisiones y dirija la vida.

Feliz día.

Individualidad sí, individualismo no


Pensaba hoy en la diferencia entre la individualidad y el individualismo.

La individualidad viene constituida por aquellas cualidades o características particulares, que distinguen a una persona o cosa de otras, aquello que las hace singulares.

Por su parte el individualismo, es una tendencia filosófica que defiende la autonomía y la supremacía de los derechos del individuo, frente a los de la sociedad y el Estado.

Es decir, se trata de una forma de pensar que da prioridad a los individuos frente al grupo, al contrario de lo sostenido por parte del colectivismo, para el que es más importante el grupo que sus integrantes.

Y si bien la individualidad es absolutamente necesaria para el desarrollo humano, en cuanto conlleva un amor y un respeto por uno mismo, un ejercicio de la libertad, y una búsqueda del propio bienestar y realización, el problema surge cuando dicha individualidad se torna individualismo.

Ya que llegados a ese punto, se prima el bien privado sobre el bien común, percibiéndose al otro como alguien que limita, que coarta, que condiciona, que demanda derechos, que genera compromisos, es decir, como una amenaza.

Porque ninguna relación justifica renunciar a uno mismo, pero todas requieren de aceptación, de adaptación, de búsqueda del consenso, de toma en consideración del otro, de respeto ajeno, etc., en aras de la construcción de un proyecto común, cuyos intereses están por encima de los de las partes que la conforman.

Y es que no hay relación sana sin individualidad, ni relación posible con individualismo.

Feliz día.

El enamoramiento


Pensaba hoy en la base biológica de la personalidad, y su papel en el enamoramiento.

Se ha constatado que según la sustancia que más se segrega, existen cuatro tipos de sistemas cerebrales, que estarían ligados a personalidades distintas, y relacionados con el enamoramiento.

Así las personas que producen mucha dopamina, tienen una personalidad exploradora, curiosa, energética...

Las que producen mucha serotonina, tienen una personalidad constructora, convencional, meticulosa...

Las que producen mucha testosterona, tienen una personalidad lógica, con gran decisión, matemática...

Y las que producen muchos estrógenos u oxitocina, tienen una personalidad negociadora, imaginativa, compasiva...

Se ha observado también que las personas que producen mucha dopamina o serotonina, tienden a enamorarse de alguien similar, mientras que aquellas en que predomina la testosterona, tienden a sentirse atraídas por quienes expresan mayores niveles de estrógenos y viceversa.

De manera que tan cierto sería que el enamoramiento tiene lugar entre personas que se parecen, como que los extremos se atraen.

Desde este enfoque biológico existe una predisposición, genética e inconsciente, hacia la atracción por determinadas personas, probablemente con una finalidad de perpetuación de la especie.

Paralelamente se ha demostrado también, que el complejo mayor de histocompatibilidad, que es una familia de genes, cuyos productos están implicados en la diferenciación de lo propio y lo ajeno en el sistema inmunitario, es decir, en el combate contra las enfermedades, influye también en el proceso inconsciente de selección de la pareja.

Y es que la evidencia muestra que las parejas, tienden a tener complejos de histocompatibilidad muy diferentes, aumentando de esta forma la capacidad inmunitaria de su prole.

En la detección de dicho complejo son determinantes tanto el olor, las feromonas, como la piel, que es el órgano inmunológico más extendido.

Iniciado de esta forma el proceso, se produce inmediatamente una secreción de dopamina en el sistema nervioso central, que activa el circuito de la recompensa, alterando los niveles de serotonina y dando paso al enamoramiento.

Ahora bien, con independencia de estos y otros estudios, que ponen de manifiesto la importancia del elemento biológico en el amor en cualquiera de sus etapas, la biología no agota la totalidad de su explicación.

Por una parte porque el amor no es solamente un mecanismo químico, sino que influyen en él aspectos como la relación interpersonal, las vivencias conjuntas que lo alimentan, etc., y que evidencian también cambios en la actividad cerebral.

Y por otra parte porque, cómo explicar que se mantenga el amor entre dos personas, pasado el enamoramiento, pasada la pasión, pasado el sexo, si no es sobre la base de la existencia de una voluntad, un compromiso, una negociación, una ilusión...

Y es que el amor tiene un aspecto inexplicable, en el que radica su grandeza, es esa fuerza universal que mueve al mundo.

Feliz día.

El miedo a no ser amado

Pensaba hoy en que el miedo, esa emoción necesaria para detectar y defenderse de los peligros, resulta en ocasiones absurdo.

Así ocurre en el caso del miedo a la soledad, o en el del miedo a no ser amado.

Ambos miedos generan apegos insanos, y tienen su origen principalmente en causas ocurridas durante la niñez, que provocan las creencias equivocadas, de que el amor hay que merecerlo complaciendo las demandas ajenas, y de que la soledad equivale al rechazo.

Ante esta situación, la persona opta por agradar a los demás, por obtener la atención, el afecto, o la aprobación ajena, aún a costa de la pérdida de la individualidad y la independencia, otorgando un mayor poder a los demás que a si misma.

Y resulta absurdo temer llegar a un estado de soledad o de desamor en el que ya se está, porque la persona que es querida no siendo quien realmente es, ha creado una ficción de si misma que es la destinataria del amor y de la compañía que recibe, y por lo tanto, permanece en realidad sola y falta de amor verdadero.

Por eso hay que enfrentar ese miedo, tener el valor de experimentar que se siente estando solo, que se siente al ser rechazado, y comprobar que si bien no se trata de sensaciones agradables, tampoco lo es el vivir en un auto rechazo sin sentido e interminable.

Un auto rechazo que precede a la opinión de los demás, e impide incluso su formación, al no permitir el acceso al conocimiento de uno mismo.

Un auto rechazo que resulta además injustificado, ya que si bien es cierto que no puede gustarse a todo el mundo, también lo es que es imposible no gustar a nadie.

Un auto rechazo que permite permanecer, más o menos tiempo, en una relación en la que no se puede ser auténtico, y que supone renunciar a entablar otra en la que se valore precisamente la propia singularidad.

Se trata pues de ser honesto con uno mismo y con los demás, expresar lo que se siente, pedir lo que se necesita, lo que se desea, y asumir la imperfección y la excepcionalidad, derivada del hecho de que cada persona es única y que en eso radica su verdadero poder.

Se trata de reivindicar la libertad de ser realmente uno mismo, porque únicamente desde esa posición, puede dejar de estarse solo y ser amado y amar desde la decisión y no desde el temor.

Feliz día.

Hasta aquí.


Pensaba hoy en la tolerancia y en la importancia de establecer sus límites.

El ejercicio de la tolerancia supone renunciar, por una parte a la humana tendencia a la manipulación para conseguir que se actúe en consonancia con las propias demandas, generando temor a la ruptura del vínculo; y por otra asumir la responsabilidad de afrontar dicho temor, adquiriendo conciencia de que cada una de las partes, es un elemento igualmente importante e insustituible en la relación.

Porque la tolerancia no implica sumisión, ni aceptación incondicional, ni resignación, ni rendición, sino comprensión, empatía, equidad, respeto e igualdad, ya que se da en ese espacio negociable entre las partes.

Dicho espacio, será más o menos amplio en función de la rigidez o flexibilidad que tengan la personas implicadas, y estará directamente relacionada con la importancia que se otorgue al mantenimiento del vínculo.

Por eso, actuar con tolerancia supone una predisposición a la concesión, al intercambio, y al encuentro, en base a la priorización de intereses comunes.

Y para su correcto ejercicio deben tenerse claros los propios límites.

Límites que no pueden ser obviados por temor a los juicios severos o devaluatorios,  por el mantenimiento del buen clima de la relación, o por el miedo a su pérdida.

Límites que son sencillos de detectar con un pensamiento a largo plazo, en el que se proyecte la situación y se sienta si se desea perpetuarla o no.

Límites que vienen marcados por los propios valores, y que tienen que ser establecidos desde el principio, reforzándose siempre que sea necesario.

Límites que permiten el desarrollo de las personalidades, y un equilibrio necesario y opuesto a la imposición unilateral de exigencias que, con el paso del tiempo, conducirían a una relación co-dependiente o al fin de la misma.

Porque en el fondo ser tolerante y establecer límites, no es más que una forma de acordar un funcionamiento cómodo, que facilite una coexistencia feliz, y permita corregir los aspectos conflictivos.

Por eso tiene que realizarse desde la asertividad, positiva, directamente y con respeto a los derechos ajenos, mostrando a los demás como se desea ser tratado.

Y es que tanto practicar la tolerancia, como saber establecer los límites, es apostar claramente por el buen funcionamiento de cualquier relación.

Feliz día.

Contador de visitas