Focalízate


Pensaba hoy en lo importante que resulta, cuando el camino se desvía, reconducir la vista hacia donde se quiere ir, en lugar de continuar mirando en la dirección equivocada.

Y para ello es imprescindible identificar las ilusiones, la vida que se desea tener, para poder concretar la trayectoria a seguir.

Es necesario elegir voluntariamente el propio destino sin asumir el que otro indique ni responder a expectativas ajenas, sin renunciar a los sueños, determinado las metas a alcanzar, y realizando las acciones necesarias para ello.

Hay que ser consciente de los recursos de los que se dispone y confiar en los mismos, tomando decisiones, afrontando los cambios, enfrentando ese miedo limitante que disminuye la valoración personal y obstaculiza la consecución de los objetivos.

Hay que detenerse periódicamente a analizar si se permanece en la línea marcada o se ha perdido el rumbo, para corregir, retomar, desandar si es necesario, y volver a poner en lo deseado toda la atención, toda la energía, sin dispersiones, sin distracciones que minen y conduzcan a la desmotivación, al vacío interior, y a la falta de sentido vital.

Hay que ser flexible para ajustar los pasos a la evolución personal, aceptando aquellas circunstancias sobre las que no se tiene control, y modificando aquellas otras que, inicialmente, se preveían inalterables.

Y hay que poner pasión e ilusión en el recorrido, focalizarse, porque no saber dónde se quiere ir puede suponer acabar en cualquier parte, y porque conocer el camino que desea recorrerse es la única forma de reconocer el desvío de la ruta trazada.

Feliz día.

Sociedad patológica


Pensaba hoy en la frase de Jiddu Krishnamurti: “No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”, y en como ésta, para perpetuarse y legitimarse, califica a toda inadaptación social como patología.

Y es que la designación de algunas conductas o actitudes como patológicas está directamente relacionada con cada sociedad, y con lo que ésta considera como “normalidad”.

De esta forma se considera psicológicamente sana a la persona socialmente adaptada, es decir, a la que esta integrada y satisfecha con lo que el sistema social considera “normal”, encaja con las normas legales establecidas, y comparte los valores sociales existentes. Lo contrario, la reivindicación de la disconformidad con dichos valores, supone la consiguiente y temida estigmatización.

Así ocurre en aquellos sistemas cuyo funcionamiento requiere personas que se consideren libres, independientes de toda autoridad moral, pero predispuestos para asimilar todos los valores y creencias necesarios para encajar, esclavos al fin, pero con cadenas invisibles y apariencia de libertad.

La ausencia de valores éticos acerca a la sociedad a la injusticia, a la violencia, a no respetar el medio ambiente, a focalizar la mirada en uno mismo, al egoísmo, al consumismo desmesurado e irracional, y convierte al ser humano en un ser enajenado de sí mismo y de los demás, un ser que ha perdido su identidad como especie para convertirse en un pieza más del engranaje del sistema, un sistema que, a su vez, ha dejado de ser social para ser únicamente económico.

Porque cuando el sistema social parte de la premisa de que el bienestar personal deriva, exclusiva y fundamentalmente, del sistema económico, se altera el sistema de valores, y acaban aplicándose a las relaciones personales las reglas que rigen el intercambio de mercancías.

En consecuencia se desvalorizan los sentimientos solidarios, humanitarios, el sacrificio, el perdón, la tolerancia, la empatía..., y se sustituyen la implicación y el compromiso por la “inversión” únicamente en aquellas relaciones en las que concurren por un lado la seguridad de resultado en forma de ganancia individual, y por otro un coste reducido, a efectos de perder lo menos posible en caso de resultado adverso.

Se trata al amor como un bien de consumo más, que debe producir una satisfacción instantánea sin demasiado esfuerzo, con seguro frente a pérdidas y sustitución rápida en caso de desgaste.

Por ello el coste de la adaptación a una sociedad cuyos valores están basados en la acumulación de bienes, la imágen exterior, y la visión transaccional de cualquier relación personal, es la deshumanización, la desintegración del amor, la soledad, la desubicación y el vacío.

Y resulta preferible optar por dudar del estado de salud de la sociedad contemporánea,  considerar necesario el cambio de la conciencia global y darle la vuelta a la escala de valores, devaluando el poder, el dinero, el “tener”, y ensalzando la generosidad, la bondad, el “ser”, poniendo de manifiesto la necesidad de recuperar la idea de trascendencia del ser humano, aún a riesgo de ser etiquetado como inadaptado.

Feliz día

La pareja psicópata

Pensaba hoy en las personas con personalidad psicopática y en lo importante que resulta identificarlas para evitarlas o, en su caso, alejarse de ellas.

La imagen asociada comúnmente al término psicópata, es la proporcionada por el cine y vinculada al asesinato en serie, y sin embargo, existe también el psicópata civilizado, integrado socialmente, si bien ambos coinciden en poseer una estructura cerebral diferente al resto de los seres humanos.

En el marco de las relaciones afectivas, el psicópata establece con su pareja un vínculo más allá de lo racional, absolutamente planeado, con una trayectoria perfectamente previsible, idéntica en su patrón de actuación, y sobretodo, independiente de cualquier tipo de aspecto relacionado con el amor.

Y esto es así por su esencia depredadora, carente de conciencia, lo que resulta incomprensible para las personas no psicópatas, a las que les cuesta entender que puedan existir personas que puedan actuar tomando como criterio únicamente su propio bienestar, más allá de lo que está bien o está mal, sin empatía, sin culpa y por ende sin remordimiento por el resultado dañino que puedan ocasionar.

Las parejas presentan unas características comunes que los convierten en víctimas potenciales: son personas extremadamente incautas, confiadas, generosas, cuidadoras, agradecidas, transparentes, bondadosas, con tendencia a culpabilizarse, vulnerables a las críticas, y al mismo tiempo fuertes, creativos, vitales, resilientes...

Detectada la presa se inicia el proceso consistente en deslumbrar, crear un enganche, y finalmente destruir mediante la mentira, la devaluación, y la manipulación.

Así en un primer momento el psicópata detecta los deseos, las inseguridades, las posibles fisuras emocionales del complementario, aparenta simpatía, comprensión e interpreta el papel del príncipe azul, de alma gemela. 

Para ello se muestran atentos, elocuentes, serviciales, desplegando tal encanto que el complementario creerá que por fin se han realizado sus sueños, y utilizando para ello cualquier tipo de estrategia conquistadora, incluido el sexo, que llegado el momento pasará de ser “deseado” a ser “suplicado” por parte de la víctima.

Cualquier herramienta es útil para llegar a cazar a la víctima, a anular su voluntad demostrando su superioridad e instrumentalizando al otro, al que parasitan, nutriéndose de sus bienes e incluso de sus emociones, ya que por ellos mismos no son capaces de sentir amor, amistad o cualquier otra clase de sentimiento positivo.

Realizado el anclaje, el psicópata despliega toda su esencia. 

Se inicia la fase de menosprecio sutil, desvalorización, indiferencia, frialdad, tono de voz alto, risa sarcástica, malos entendidos intencionados, actitudes promiscuas o intencionadamente sospechosas que crearan en la víctima ansiedad, inseguridad y una actitud desconfiada, que será utilizada asimismo para aumentar su descrédito y su crítica. 

Mentiras continuas, manipulaciones, exigencias, condiciones, imposiciones y chantajes basados en la dependencia creada y de la que el psicópata es perfectamente conocedor, completan su modo de actuar.

En este escenario, la víctima detecta que las muestras afectivas son artificiales y siempre solicitadas, se ve afectado en su autoestima, vive en un estado continuo de duda, de ambivalencia, donde se le niega lo que oye y ve, donde se le imputan distorsiones cognitivas, donde se le convierte en el foco del problema hasta dudar de su propia cordura.

La lucha de la víctima consigo misma conduce al agotamiento, al desgaste generado por el intento continuo de explicar lo inexplicable y entender lo incomprensible, a la ansiedad y al pánico generado al ser conocedor de la sensación de incapacidad de liberarse ante la intensidad del dolor que le provoca esta idea.

Esta relación finaliza normalmente cuando el psicópata encuentra una nueva víctima y se deshace, sin ningún tipo de miramiento, de la anterior, a la que evidentemente culpabilizará, ante su imposibilidad de asumir ni su tipo de conducta ni las consecuencias de esta.

En estos casos y pasado el período de abstinencia propio de la adicción generada por la relación, es posible recomponerse y comenzar de nuevo, sintiéndose afortunado ante tal abandono y tomando conciencia de la realidad de la personalidad de la hasta entonces pareja.

Porque mientras la víctima conseguirá renacer, el psicópata no es modificable, nunca conseguirá sentir emociones ni mantener verdaderas relaciones afectivas, y seguirá con una vida mediocre, plana y superficial, resultando además evidente para toda aquella persona que pueda identificarlos, y de la que únicamente obtendrá compasión.

Liberarse de una pareja psicópata puede resultar traumático, sobretodo al tener que reconocer que nunca hubo nada de nada por su parte, pero es el único camino hacia el reencuentro con uno mismo y con la paz interior.

Feliz día

Se recoge lo que se siembra

Pensaba hoy en el hecho de considerar al tiempo como un juez implacable, impartidor de una justicia entendida como el arte de dar a cada uno lo que le corresponde, y en si se trata de una simple creencia consoladora o existe, por el contrario, un fundamento.

En física, el término causalidad describe la relación entre causa y efecto, de manera que toda acción tiene su reacción, y toda elección, decisión o acto, tiene su consecuencia o resultado.

Así la situación presente sería el resultado de los hechos del pasado, y del mismo modo, la actuación en el presente operaría como causa de los sucesos futuros, de manera que el efecto sería claramente previsible y deducible tomando en consideración los antecedentes, y ello con independencia del tiempo que transcurriera en hacerse evidente esa relación, porque al final, cada uno y cada cosa acabaría ocupando su lugar.

Por otra parte la teoría del caos al introducir la influencia del azar parece contradecir esta teoría, si bien sólo parcialmente.

Porque incluso los procesos caóticos son deterministas, como pone de manifiesto el denominado “efecto mariposa”, según el cual, el aleteo de una mariposa puede provocar una tormenta al otro lado del mundo como consecuencia de que, la concatenación de unas causas concretas desembocan en un único resultado posible para esa combinación. 

Cosa distinta es que la multiplicidad de combinaciones de lugar a múltiples resultados finales posibles.

De ahí que un sistema en el que cada parte del mismo afecta a las demás, de modo que cada concreta combinación inicial entre ellas conduce a un concreto resultado, no suponga un indeterminismo absoluto.

Del mismo modo, el Principio de Incertidumbre de Heisenberg propio de la física cuántica parte también de la necesidad de aceptar que no puede predecirse exactamente el futuro, pero no deja de reconocer que los posible resultados ocurren dentro de un límite cuantificado, probabilistico.

Dicho principio supone que observar es modificar, y que por lo tanto, el resultado variará según las condiciones en que se observe o analice. Por eso el simple hecho de aplicar luz sobre un objeto para poder observarlo, hará que esa luz rebote contra él modificando los valores observados, y éstos en condiciones de “oscuridad” serán distintos a los tomados al aplicar la luz.

Pero por la misma razón, si bien es posible que existan múltiples futuros posibles, también lo es que estos se concretaran en función de las decisiones que se vayan tomando y que reducirán los posibles resultados hasta llegar al que resulte más probable, en una manifestación de la reconciliación entre el azar y el determinismo.

De ahí la importancia de la idea de la trayectoria o suma de causas similares, que actúa como un indicador importante de cual será el resultado, sin que pueda evitarse que la causa o suma de causas, lo sembrado, conlleve con una alta probabilidad unas consecuencias, y que se recoja lo sembrado.

Feliz día.

Reprogramar la realidad

Pensaba hoy en como a pesar de las discrepancias teóricas sobre si el lenguaje es anterior y determinante del pensamiento, o sucede a la inversa, la relación entre ambos es tan incuestionable como crucial, ya que una vez establecida su interconexión, será posible modificar el pensamiento modificando el lenguaje.

Y es que el efecto del uso de las palabras va más allá de facilitar el aprendizaje y la comunicación con los demás.

El lenguaje implica la atribución de significados a los objetos, relaciones y situaciones, mediante su simple denominación, de manera que el cambio de ésta influirá de tal manera en la forma de ver la realidad, que acabará modelando el pensamiento.

Porque el lenguaje es también una herramienta para la reprogramación de creencias y valores, que puede ser utilizada de forma positiva, o puede dar lugar a una intencionada manipulación social, al modificarse la percepción de la realidad mediante el uso de las múltiples posibilidades que aquel proporciona para tergiversar y confundir.

Es el caso del recurso a los eufemismos, que permiten denominar “sastre de barbas” al barbero, “relación abierta” a la falta de compromiso, “metre” al encargado de un comedor, “desaceleración” a una crisis, “amiga” a una amante, etc.

O al uso de aquellas palabras que en cada momento histórico son dotadas de un especial prestigio y consideración, confiriéndoseles unas propiedades mágicas con fines instrumentales, de manera que su mención elimina toda posibilidad de crítica o posicionamiento contrario sin caer en el descrédito, como ocurre actualmente con las palabras libertad, solidaridad etc.

Por eso es importante ser consciente de la influencia del uso del lenguaje, tanto en la dirección intencionada de las conductas, como en la toma decisiones.

Y cuestionar la finalidad de las nuevas formulaciones lingüísticas, contrastándolas con las propias convicciones, con los propios principios, y con la propia realidad.

Porque también es posible atentar contra la libertad humana con el arma oculta de un diccionario.

Feliz día.

Dime de que presumes...

Pensaba hoy en el refrán “dime de que presumes y te diré de que careces”, usado para indicar que a una persona le falta, precisamente, aquello de lo que presume que le sobra, y en la razón de dicho comportamiento.

Y es que una cosa es que la vida en sociedad requiera de la aceptación de normas, legales y sociales, que permitan la pacífica convivencia, y otra que las conductas, pensamientos o actitudes, que en cada momento social son consideradas como dignas de elogio o en auge, sean tomadas como “lo correcto o bueno”, en lugar de simplemente como “lo normal o habitual”.

Porque esa simple traslación conceptual supone un paso psicológico que puede implicar sacrificar lo que se es, por lo que se quiere aparentarse ser, lo “correcto para algunos” por lo “correcto para uno mismo”, y “lo normal” por “lo natural”, llegándose a una falta de aceptación de la propia naturaleza, y a una actuación necesitada de simulación de lo que se es, o de lo que no se es, priorizándose la imagen proyectada a la coherencia o emociones internas.

Interpretar a un personaje del agrado de los demás, que enarbole la bandera de las virtudes socialmente ensalzadas, puede permitir la valoración ajena, pero implica vivir bajo una máscara que, en el mejor de los casos, no anulará la propia identidad.

Además y paradójicamente, las exhibiciones de fortalezas y los intentos de deslumbrar, hacen evidentes las carencias y las inseguridades, con lo que el objetivo pretendido se consigue únicamente ante quien es incapaz de traspasar la fachada.

Por eso conviene aceptarse a uno mismo, respetar los propios valores y principios, corriendo el riesgo de ser tachado de “diferente” por no aceptar, sin más, los parámetros impuestos que supongan una renuncia o rechazo a la propia personalidad.

Porque el primer respeto es el personal, y este está directamente relacionado con la libertad de ser auténtico en lugar de esclavo de una máscara social.

Feliz día.

Perfección y autoexigencia

Pensaba hoy en la búsqueda de la perfección y la autoexigencia, y en como esas actitudes esconden, tras una apariencia de eficacia y calidad, una permanente insatisfacción derivada de la falta de aceptación de uno mismo.

La exigencia, la constancia, el esfuerzo y el afán de superación, son necesarios para progresar, plantear retos y alcanzar nuevas metas, siempre que se desarrollen en el marco del conocimiento y la auto aceptación.

Porque la búsqueda de la perfección responde a la necesidad de obtener del exterior un reconocimiento positivo de la propia personalidad, que no puede obtenerse interiormente. 
Y ese sentimiento de imperfección interna, trata de corregirse mediante la identificación de lo que se es con lo que se hace.

Se desarrolla una gran autoexigencia que actúa de forma implacable, insaciable y continua, sobre cada una de las acciones que se emprenden y de los resultados que se obtienen, lo que conduce necesariamente a generar una sensación de frustración y vacío permanente, al residenciarse la valoración personal en factores externos imposibles de controlar totalmente.

Ningún resultado es considerado suficiente, no se logra satisfacer las expectativas, se focaliza el error, y se minimiza el éxito, se atenúa lo conseguido en aras de la obtención de lo que queda por alcanzar, se convierten los errores en fracasos personales, y se sustituye un sano hábito de superación por el mecanismo de la auto descalificación.

De ahí que sea necesario tomar conciencia de las sensaciones interiores que se producen ante la idea de emprender cualquier actividad, aceptando las propias fortalezas y debilidades, estableciendo límites razonables a la mejora, perdiendo el miedo a equivocarse, y  entendiendo el error no como un fracaso sino como fuente de aprendizaje

Porque no hay nada más absurdo e irracional que vincular el valor personal a la obtención de la perfección, sobretodo teniendo en cuenta que el concepto de lo que en cada caso es perfecto es subjetivo, y no generalizable.

Feliz día.

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